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En el corazón de Granada
Granada me ha cojido el corazón, estoy como herido, convaleciente...
...diría Juan Ramón Jiménez en una carta que en Septiembre de 1924, a la vuelta de su viaje a Granada, dirigía a Isabel García Lorca, llena de ternura y poesía. Esa carta y todo su libro Olvidos prueban con qué hondura supo captar, entender y contar quién es Granada. Se dio cuenta que, al igual que en toda Andalucía, en Granada se concitan miles de años de historia, y cómo en sus piedras, aguas y cielos se funden la cultura y la belleza. Y también entendió cuál es la diferencia entre esta Andalucía que representa Granada y la de Occidente; Granada acaso es menos alegre y abierta, pero es más íntima, más austera, más misteriosa y májica. No fue el único en entender y sentirse fascinado por Granada, le precedieron y le continuaros otros como el gran pensador que fue Ángel Ganivet, o el universal Federico, y tantos escritores, artistas y aventureros románticos que llegaron a Granada en busca de una suerte de revelación que muchos encontraron.
En el barrio del Realejo- antiguo barrio Judío
(Moseh Ibn Ezra)Una figura hermosa, un vaso de vino, un jardín, el canto de los pájaros y el murmullo del agua en la acequia
Gar-Anat Hotel de Peregrinos se encuentra en el barrio del Realejo, construyendo la plaza de los Peregrinos, esquina entre la Calle San Matías (que asciendo al Realejo desde la Plaza de Mariana Pineda) y el Escudo del Carmen (pasadizo hacia el Corral del Carbón y la Plaza del Carmen).
Se especula con que la primigenia Granada fue de fundación judía (colonia de judíos), pero lo que sí es constatable es que desde la antigua Iliberis florentia romana en la otra orilla del Río Darro (la colina del Albayzin) sobre el antiguo poblado ibérico, ya existía a este lado, sobre la ladera del Mauror (nombre de la colina vecina con la Al Sabika de la Alhambra) la Granada de los Judíos o Garnata al Yahud. Insignes judíos (como Ibn Gabirol, Ibn Agrela, Ibn Ezra y otros) lideraron la vida política y artística de la ciudad en todas sus épocas desde entonces, incluyendo la de la dinastía nazarí, máximo esplendor del reino musulmán de Granada.
El mismo año 1492 de la entrega de la ciudad a los Reyes Católicos, vendría la expulsión y el barrio perdería sus vestigios judíos. Pasaría a ser el barrio de los Alfareros o Realejo. Sí que permanecieron los palacios y casas nobles musulmanas, aún hoy pueden verse estos maravillosos testigos de la historia en lugares como el Cuarto Real de Santo Domingo. Y además la zona por su benigna orientación fue escogida para la instalación de palacios castellanos (Casa de los Girones, de los Tiros…) y multitud de iglesias (San Cecilio, Santo Domingo, San Matías) y conventos (Comendadoras de Santiago, Santa Cruz la Real, Carmelitas descalzas…).
En el Realejo pueden distinguirse claramente dos zonas: la que antaño acogió a los peregrinos de Antequera o Antequeruela, y que se derrama, apretada y laberíntica desde la cumbre del Mauror vigilada por las Torres Bermejas y el Carmen de la Fundación Rodriguez Acosta; y la zona baja y llana cuyo centro y eje es el Campo del Príncipe, al pie de los jardines del Carmen de los Mártires y el Auditorio Manuel de Falla, en cuya espalda corre a lo largo de todo el barrio la calle Molinos, vertebrando todo un barrio vivo y castizo, que tiene sus propios ritmos y costumbres, sus propios cenáculos y ambientes. Prueba de su vitalidad es que hoy se instalan aquí por igual cantinas irlandesas, hoteles de encanto, boutiques de gastronomía y locales de comida rápida oriental, y codician sus viviendas los granadinos bien acomodados y sus alquileres los jóvenes peregrinos de todas las regiones del globo que cursan o dicen cursar estudios de postgrado o de lengua española.





